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Tacna revela su maravilla termal: conoce y disfruta del Valle de los Géiseres

Se yerguen los géiseres; fuentes de aguas cálidas y vapores intermitentes.

Por Sergio Crispín.

En el corazón de la provincia de Candarave, Tacna, se revela un tesoro natural entre montañas y volcanes: el Valle de los Géiseres. Este espectáculo geotermal, con más de 110 manifestaciones, ostenta el título de ser el valle termal más extenso de Perú.

A 4,400 metros sobre el nivel del mar, dentro del recinto de conservación regional Vilacota Maure, se yerguen los géiseres; fuentes de aguas cálidas y vapores intermitentes, fruto de la actividad volcánica impulsada por las energías de la falla de Nasca, donde el Tutupaca y el Yucamani tallan su historia en la tierra. Muchos de estos gigantes aún laten con vida.

Esta danza volcánica engendró un destino turístico imperdible. Lagunas de una belleza onírica brotan aquí y allá dispersas en el valle. Aunque sus aguas parezcan un sueño es esencial mantener una distancia segura, pues su temperatura puede superar los 90 grados y la capa que las cubre es frágil.

El peregrinaje hacia esta joya natural demanda alrededor de tres horas y media desde la misma Tacna. Es sabio partir con los primeros rayos del alba, permitiéndote paradas intermedias para enriquecer el viaje.

Grisel Llanos Herrera, experta en turismo y guía oficial de Tacna, sugiere que nuestra primera parada sea en la provincia de Tarata. Donde podremos disfrutar de un desayuno ligero y una píldora contra el mal de altura. No está de más llevar una que otra reserva.

Desde aquí, el poblado de Santa Cruz, en Candarave, es la siguiente estación. Ahí podemos reabastecernos y, de paso, maravillarnos con vistas a volcanes como el Yucamani.

A lo largo del camino hacia el valle geotermal se despliega el bosque de queñuales, una especie en peligro de extinción. Su corteza rojiza, formada por múltiples láminas, le otorga un poderoso aislamiento térmico, protegiéndola de las inclemencias. Es una de las pocas plantas que prospera a esta altitud, además de ser un guardián que regula el clima, previene la erosión y nutre la tierra.

El destino aguarda. Entre las 110 manifestaciones de géiseres, tres destacan con vigor: la Laguna Azul, un espectáculo azul característico, rodeado por otros de diversos tamaños; la Olla del Diablo, un géiser en constante ebullición, del cual dicen que su energía se entrelaza con las almas; por último, el Ojo de Ángel, aclamado como uno de los géiseres más sublimes del valle.

Dada su condición de área protegida es mandato absoluto no dejar rastro alguno y respetar la flora y fauna. “No se permite acampar ni cocinar aquí. Recomiendo optar por una agencia formal que garantice un viaje seguro, con guías certificados. Es crucial seguir sus indicaciones”, aconseja Llanos.

Las aguas de estos géiseres, ricas en minerales como azufre, sales y boro, están reservadas debido a su alta temperatura. Sin embargo, si preferimos una experiencia más relajada, la zona también alberga termas naturales, donde un baño caliente nos brinda un descanso merecido.

Adentrarse en el Valle de los Géiseres, el coloso termal de Perú, en el ámbito de Vilacota Maure, es una travesía que indudablemente vale la pena. Tacna y sus encantos aguardan al visitante, con sus secretos geológicos y la majestuosidad de sus aguas danzantes.

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